26 julio 2018

Exposición de Pierre Gonnord

‘Atavismos’ permanecerá en la sala -1 y en la 0 hasta el 23 de septiembre. - RAÚL OCHOAPierre Gonnord ha vivido en los barrios obreros de Osaka (Japón), ha llegado a lugares recónditos de Portugal, ha compartido madrugones con las mujeres de una aldea gallega, se ha tiznado de negro en las minas de carbón de León y se ha recogido en los monasterios de los Balcanes. Ha recorrido caminos con su cámara al hombro en busca del misterio de la vida. Lo ha encontrado en la mirada perdida de Ahmed y en la decidida de Kevin; en las encallecidas manos de Basilisa y también en las de Madalena; en la belleza veterana de Hattie y en la inocente de Charlotte; en la viveza de las llamas que arrasan un bosque y en las raíces que alimentan la naturaleza.
Esta exposición, que se puede ver hasta el 23 de septiembre en el Museo de la Evolución Humana, recorre momentos íntimos, de búsqueda, de viajes, de caminos y de encuentros con personas, reflexiones, sentimientos y lugares que provocan momentos de creación tan patentes aquí. El ser humano nos une a todos. Aquí está la parte sublime, mágica, donde un retrato se transfigura. Un retrato es más que la representación de una persona, nos ayuda a mirarnos a nosotros en los demás, sostiene el artista que el pasado mes de abril impartió una clase magistral en el MEH.