28 julio 2018

Festival Internacional de Órgano Barroco

El órgano del monasterio de San Salvador de Oña se fabricó en 1768. - G.G.La colaboración altruista y el trabajo ininterrumpido que durante los últimos años han desarrollado de los colectivos socioculturales de Oña y Frías para recuperar la música barroca mediante la celebración de conciertos durante el verano ha dado sus frutos. Así se podrán constatar nuevamente en la iglesia de San Vicente Mártir del municipio fredense y en el Monasterio de San Salvador de la villa condal. De esta forma, ambos templos volverán a llenarse de música cargada de historia a través de sus órganos, que permanecen mudos durante prácticamente todo el año.

Bajo la dirección artística de Norbert Itrich, organista titular de la Catedral de Santander, el Festival Internacional Órgano Barroco -enmarcado en la Ruta de Carlos V- se desarrollará hasta el 16 de agosto. El programa también incluye a Medina de Pomar, que se suma a la iniciativa gracias al apoyo de Ceder Merindades y la participación de la Escuela de Concertistas del Emperador, que permitirá a los inscritos disfrutar de un primer acercamiento al órgano barroco e incluso tocarlo durante un concierto, una posibilidad que no está al alcance de cualquiera porque esta clase de instrumentos son escasos y difícilmente accesibles. 

Cabe destacar que son muchos los órganos repartidos en los templos de toda la comarca. No obstante, tan solo los colectivos de Oña y Frías se empeñaron hace varios años en promover los conciertos de órgano para recuperar un estilo musical en retroceso, amén de poner en valor los excelentes órganos de sus iglesias. 

El de la iglesia abacial de San Salvador de Oña, construido por Francisco Antonio de San Juan en el año 1768, fue restaurado a finales de los 80 del pasado siglo. Por su parte, el de Frías es un instrumento de autor desconocido, fabricado en el siglo XVII y actualmente ubicado en el presbiterio de la iglesia de San Vicente junto al Evangelio. De su historia se conoce la intervención de Pedro Merino de la Rosa, que 1720 asumió su construcción con más de 235 tubos de un órgano calificado como antiquísimo, siendo finalmente compuesto en el año 1776 por Joseph de Albisua y Velasategui. 

Aunque no se haya podido verificar al 100%, se estima que dicho órgano procede del antiguo convento de franciscanos de la ciudad y que, tras sus primeras intervenciones, ha sido objeto de múltiples actuaciones de restauración y conservación a lo largo de los siglos, destacando las que se llevaron a cabo en 1993 y otra más reciente en este siglo. Una de las características a destacar de los conciertos previstos es que dada la fantástica acústica de los templos no se precisa de ningún tipo de megafonía para transmitir el sonido. Esto permite apreciar, sin ninguna clase de intervención externa, la técnica personal de cada uno de los organistas.