14 mayo 2019

Exposición de Herminio Álvarez

El escultor asturiano Herminio Álvarez inauguró ayer su exposición ‘Equilibrio’ en la sala Pedro Torrecilla. - RAÚL G. OCHOA
Herminio Álvarez
Visualmente «inestable», protegida por los «campos magnéticos» y con una combinación de colores -rojo, blanco y negro- que transmiten «fuerza». La obra de Herminio Álvarez se encuentra a gusto desde que encontró el ‘Equilibrio’, concepto clave y acertada denominación de la muestra que se expone en la sala de exposiciones "Pedro Torrecilla" de la Fundación Cajacírculo. 
 La ‘maleta’ de Herminio para su estancia en Burgos hasta el 3 de julio llegó cargada de «diferentes etapas (...) no muy lejanas» y un denominador común: la transmisión de múltiples conceptos abiertos a la libre interpretación. No basta con preguntarse «¿por qué?, ¿por qué eso aguanta de esa forma?». Lo que el autor pretende es que el público sepa vislumbrar la fina línea que separa la belleza del efecto sorpresa en su obra. Cada vez que lo consigue se da por satisfecho porque su particular concepción del espacio-tiempo ha vuelto a calar hondo.
Pese a la inestabilidad predominante a lo largo de su trayectoria, lo cierto es que el equilibrio escultórico permanece impasible a las adversidades externas. Lo comprobó en Japón, concretamente en Tokio, en plena inauguración de una de sus muestras. Como si alguien lo hubiese pedido por encargo, un terremoto bastante fuerte sacudió de repente todas y cada una de las piezas que pretendía exponer en el país nipón. Ellas, con la misma templanza que su creador, resistieron el embiste y al final no cayó ninguna. La anécdota no deja de ser curiosa, pero quizá lo más importante sea el hecho de que la fragilidad manifiesta no está reñida con la resistencia por muy fuerte -y en contra- que sople el viento.
A estas alturas de su vida, el escultor asturiano sabe de sobra que su obra conceptual pasará a la posteridad. Aún así, se muestra dispuesto a seguir siempre en la misma línea hasta el fin de sus días. Es decir, jugando a su antojo con las leyes de la gravedad pero sin prescindir de los hilos, a priori imperceptibles, que sujetan las esculturas suspendidas en el aire. Renunciar a ellos sería como decir que uno puede volar cuando en realidad nunca va a poder hacerlo. La impostura no tiene cabida en su obra. Quizá tampoco otros colores con los que ya experimentó en el pasado. Rojo, blanco y negro conforman su estandarte expositivo. Le sientan bien y por eso los potencia con sensuales formas perfectamente acopladas.