08 abril 2020

Teatro. "El castigo sin venganza" de Lope de Vega

"El castigo sin venganza" está considerada como la culminación de la obra dramática de Lope de Vega. Es de las últimas que escribió y en ella Lope hace un despliegue de toda su técnica, talento y sabiduría. El espectador disfruta dejándose llevar por las peripecias de la historia, tanto como por el encanto de las palabras, que emergen de la lucha interna a la que están sometidos los personajes. Es un lenguaje de enorme belleza poética que nos muestra los espacios más recónditos de la condición humana.
En El Castigo sin Venganza no hay ni buenos ni malos comportamientos, no hay injusticias contra las que revelarse, no hay malvados ni tiranos que provoquen situaciones dramáticas. Es una situación en la que , como en nuestras vidas, los personajes tratan de hacer lo correcto, y evitar sufrimientos, y sin embargo eso no impide la tragedia.
Esta crepuscular tragedia de honor oculta una profunda reflexión sobre el poder, la justicia, la responsabilidad, el amor y el deseo, ambientada en el contexto político de las ciudades-estado enfrentadas en la convulsa Italia de nales del quattrocento.
Atrapados en la tela de araña de un palacio de susurros, espejos y secretos, los personajes se enfrentan a su conciencia con una intensidad secreta y desconocida; la belleza de los versos se alía con la aspereza brutal de los con ictos y con un delicado ritmo casi cinematográfico en que las escenas se entrelazan y yuxtaponen. De fondo, la fama como eje de unas vidas abocadas a la mentira va gobernando una trama que desemboca en un desenlace sangriento sin resquicio de esperanza.
Desoladora, hermosa, magistral, El castigo sin venganza nos ofrece un espejo trágico de la condición humana. Obra maestra de la senectud del Fénix, re ejo de su desencanto por la sociedad y el dolor de sus circunstancias personales y familiares pero, a la vez, audaz superación de un arte destilado y preciso ante la irrupción de los poetas y dramaturgos jóvenes que se van adueñando de la primacía escénica, este canto de cisne lopesco mantiene hoy la implacable vigencia del arte de la tragedia: un lúcido viaje a las sombras de nosotros mismos