22 junio 2020

Laberinto de Villapresente (Cantabria)

El laberinto de Villapresente (Cantabria).
Laberinto de Villapresente
Los frondosos muros de cipreses leylandi del laberinto vegetal de Villapresente atrapan al año a más de 30.000 visitantes que acuden a esta localidad próxima a Santillana del Mar para recorrer sus 5.625 metros cuadrados de extensión a través de cinco kilómetros de angostos pasillos de apenas un metro de ancho. Debido a la estrechez del camino y para evitar contagios por la covid, en su reapertura, prevista para el próximo 27 de junio, será necesario reservar previamente por Internet o bien por teléfono (636836785). Además, funcionará al 50% de su aforo y será obligatorio el uso de mascarilla durante el paseo. La entrada cuesta 4 euros a partir de los 13 años; 3 para los menores (entre 7 y 12 años) y gratis para los más pequeños.

Inspirado en los mazes ingleses que construían las clases pudientes en los siglos XVIII y XIX, el de Villapresente es el proyecto de un único hombre, el operario de montes Emilio Pérez Carral que, con la ayuda de amigos y vecinos, completó en 2007 la gesta de convertir su finca familiar en un intrincado rompecabezas de setos en perfecta formación rectangular. Eso sí, tuvo que esperar 10 años más, cuando los árboles eran lo suficientemente altos y tupidos, para compartir con el público su versallesca creación. 

Se considera el laberinto privado más grande de España y, quizá por eso, ha llamado la atención de medios nacionales e internacionales desde su apertura, lo que ha ayudado a que se convierta en una de las atracciones más buscadas en Cantabria, con permiso de la joya turística de la zona: las Cuevas de Altamira. El tiempo medio para recorrerlo son 45 minutos, siempre contado con la inevitable torpeza de coger una bifurcación equivocada y tener que volver sobre nuestros pasos para tomar la senda contraria. Para aquellos que puedan sentir angustia al sentirse desorientados tras un tiempo prudencial, hay dos guías de apoyo que facilitan la solución al jeroglífico. En su alambicado interior, se levanta una torre de vigilancia de nueve metros de altura desde donde contemplar maravillosas vistas de los bucólicos prados cántabros.